Roberto Rodríguez Rabanal
Escrito porAuthor: Roberto Rodríguez Rabanal
Sociólogo, pastdecano presidente del Consejo Nacional de Decanos de los Colegios Profesionales del Perú.

La deshonra del ejércitoLa honra es la estima y respeto de la dignidad propia, lo que se aplica tanto a las personas como a las instituciones; la deshonra es lo contrario, es decir, la pérdida de la autoestima y la dignidad.

Algunas personas están hablando ahora de la “deshonra” del Ejército Peruano debido a la difusión de unas fotos en las que se ve a oficiales de la mencionada institución vistiendo un mandil rosado. O sea, se quedan en el color, o sea en lo superficial, y en ningún momento se refieren al mensaje principal contenido en aquél: hombres por la igualdad.

 

En una sociedad notoriamente machista como la nuestra, en la que predominan la desigualdad; algunas de cuyas expresiones son el acceso a las oportunidades laborales, que es inequitativo, y la brecha salarial que desfavorece a las mujeres, sobre todo en las zonas rurales.

Otra manifestación concierne a la violencia contra la mujer, evidenciada en datos del INEI: “cada minuto una mujer es víctima de violencia física por parte de su pareja y cada cuatro minutos una mujer es víctima de violencia sexual por su esposo, conviviente o compañero”.

Asimismo, una gran cantidad de los casos de embarazo infantil o adolescente son también el resultado de una violación, lo que, también según el INEI, “expresa una enorme desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito de la familia”.

Quienes se desgañitan gritando “mandil rosado, mandil rosado” no sólo guardan silencio sobre la importancia y la urgencia de promover la igualdad entre hombres y mujeres; sino que son los mismos que callaron en todos los idiomas cuando nuestro Ejército fue vejado una y otra vez durante la década del 90.

“Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla” afirmó Marco Tulio Cicerón hace 21 siglos; el español Marcelino Menéndez Pelayo, filólogo e historiador de las ideas, dijo algo similar hace más de un siglo: “Pueblo que no sabe su historia es pueblo condenado a irrevocable muerte…”

Apelando a la memoria histórica, recordemos que Vladimiro Montesinos Torres, capitán del Ejército, fue expulsado por traición a la patria en 1976 y se comprobó su vinculación con la CIA, a la que proveía de información reservada; luego fue abogado de narcotraficantes en la década del 80 y hermano siamés de Alberto Fujimori durante 1990-2000; a quien los altos mandos militares rindieron pleitesía y suscribieron el “acta de sujeción”; apelando, paradójicamente, al método utilizado habitualmente por Abimael Guzmán en “Sendero Luminoso”.

El 13 de marzo de 1999 firmaron el "acta de sujeción" a Fujimori los altos mandos militares, entre ellos el entonces Ministro de Defensa, General EP Julio Salazar Monroe; el Ministro del Interior, General EP José Villanueva Ruesta; el Presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Comandante General del Ejército, General EP César Saucedo Sánchez; asimismo, los comandantes generales de la Marina y la FAP; todos ellos implicados en casos de corrupción; al igual que el "general victorioso" Nicolás Hermoza Ríos, Comandante General del Ejército entre 1992 y 1998, actualmente en prisión.

Los ex comandantes generales del Ejército durante el gobierno de Alan García, generales EP (r) César Reinoso Díaz y Edwin Donayre Gotzch, igualmente fueron condenados por corrupción por el robo de gasolina. Donayre continúa no habido.

A fines del régimen de Fujimori, los altos mandos militares fueron sometidos a tal grado que incluso firmaron varios compromisos respaldando el autogolpe del 5 de abril de 1992 y las violaciones a los derechos humanos durante la década fujimontesinista.

El “acta de sujeción”  fue suscrito también por 254 militares de diversos rangos, desde capitanes a generales, algo similar al sometimiento implantado por Hitler en la Alemania nazi. En el mencionado acta se estableció que “la participación de las Fuerzas Armadas, de la Policía Nacional del Perú y de los estamentos del Sistema de Inteligencia Nacional en la decisión adoptada por el gobierno del señor Presidente de la República, el 5 de abril de 1992, fue un acto consciente y serenamente meditado, por lo que el respaldo y apoyo brindado a tal decisión fue la expresión de la voluntad institucional unánime”.

A fin de blindarse, tal como ahora es pan de cada día en el Congreso de la República, en el punto 3 del Acta se precisó que “las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional del Perú y los estamentos del Servicio de Inteligencia Nacional conjunta e institucionalmente defenderán y protegerán a sus miembros en el caso de que se pretendiera responsabilizarlos individualmente por el apoyo institucional otorgado a la decisión del 5 de abril de 1992, lo cual se consideraría como una ofensa contra las instituciones tutelares, que obligará a los respectivos comandos en el futuro a defender irrestrictamente al miembro comprometido de manera institucional”.

Igualmente, en el punto 8 se planteó “asumir el compromiso institucional, sin límite en el tiempo, de defender, proteger y solidarizarse con los integrantes de las organizaciones, a las cuales se pretende responsabilizar, encausar o ejercer algún tipo de represalia contra ellos por su participación en la lucha contra el terrorismo…”. Fue con nombre propio: el grupo “Colina”, comando encargado de ejecuciones extrajudiciales, formado por decisión de Fujimori y Montesinos.

Una acotación final: podemos discutir si fue o no lo más adecuado que algunos oficiales de nuestro Ejército Peruano se pusieran el mandil encima del uniforme; y si el color de aquél debió ser rosado o no; hay distintas opiniones sobre el tema y es materia de diálogo. Lo que resulta inaceptable es que se pretenda distraer la atención del fondo del asunto: la indispensable igualdad entre mujeres y hombres, lo que requiere trabajar mucho para cambiar “el chip” de un significativo sector de la población, representando esto un reto colosal pues se trata de un cambio cultural, que es más difícil y complejo que las transformaciones económicas y políticas. Y no olvidemos que la mayor deshonra del Ejército y lo constituye la firma del acta de sometimiento a los hermanos siameses Fujimori&Montesinos y la pestilente corrupción.

 

“La mentira tiene patas cortas” es un dicho popular muy conocido; al que agrego la reflexión del dramaturgo norteamericano Tennessee Williams: “la única cosa peor que un mentiroso es un mentiroso que también es hipócrita”.