Roberto Rodríguez Rabanal
Escrito porAuthor: Roberto Rodríguez Rabanal
Sociólogo, pastdecano presidente del Consejo Nacional de Decanos de los Colegios Profesionales del Perú.

Roberto Rodríguez RabanalEl resultado de las últimas encuestas es contudente: el 70% rechaza la vacancia del presidente Vizcarra; el 73% es contrario a que Mercedes Aráoz asuma la presidencia hasta el 2021; y el 77% apoya el adelanto de elecciones.

Dándole la espalda al país, el Apra plantea la vacancia presidencial; la ambiciosa excandidata presidencial de AG se frota las manos junto a sus socios banqueros y mineros de la Confiep; y los congresistas le dan largas al debate sobre el adelanto de elecciones anunciando que habrá inestabilidad económica (léase de sus bolsillos). Su objetivo es tapar la corrupción institucionalizada de la cual forman parte y que la ciudadanía democrática condena.

Quienes han tenido capturado el Estado desde el siglo XIX, poniéndolo al servicio de sus intereses particulares y no del bien común, ahora pretenden dar lecciones de republicanismo cuando fueron los grandes grupos de poder económico los que hicieron de la exclusión, la prepotencia y la intolerancia una práctica recurrente. Su bronca hacia las mayorías nacionales se evidencia en las afirmaciones del presidente del Congreso: el único lugar donde la mujer se relaja es en la peluquería, sueldo mínimo de 850 soles adentro del Perú es mucho, la forma de vida de las comunidades indígenas es marginal.

Pero no es un asunto de un individuo que se fue de boca, sino que expresa la concepción e ideas de quienes fueron denominados por Carlos Malpica Los dueños del Perú en un estupendo libro escrito en 1965; de Los 12 apóstoles de la economía peruana (grupos Romero, Brescia, Graña y Montero, Benavides, Rodríguez-Pastor, etc.), tal como lo señaló Francisco Durand en 1986; y de lo que podríamos llamar Los 12 cuellos blanquinaranjas del siglo XXI (Repsol, Breca, Romero, Telefónica, Cencosud, Credicorp, Intercorp, Falabella, Graña y Montero, BBVA, Gloria, Belcorp).

La Confiep y el fujiaprismo tienen hoy a un hombre orgánico del gran capital en el más importante cargo del Congreso y no a los funcionales fujimoristas Salgado y Galarreta, que compitieron en torpezas; tienen mayoría en la junta de fiscales supremos con los cuellos blancos Chávarry-Gálvez-Rodríguez, cuya misión inmediata es remover a los fiscales probos Rafael Vela y José Domingo Pérez del caso Lava Jato (Odebrecht, OAS); significativa presencia en los poderes Judicial y Electoral; y apuntan a que la siempre lista Mercedes Aráoz asuma la presidencia hasta el 2021.

Frente al poder corrupto del fujiaprismo-Confiep se yergue el poder ciudadano, agrupando a las fuerzas democráticas, patrióticas, republicanas, morales y descentralistas. Los primeros saben que son minoría y apelan al poder del dinero, al chantaje y a la prepotencia en el manejo de las instituciones que controlan.

En contraposición, superando la fragmentación social, la diversidad ciudadana que apoya el adelanto de elecciones propuesto por el presidente Vizcarra va configurando un amplio espectro humano que transita de la indignación a la acción, articulando una agenda básica para la transición democrática, que llama a ir más allá de lo coyuntural a fin de refundar el país. O sea, una potente unidad como soporte de un sólido poder ciudadano que se haga respetar y no se deje pisotear; y que actúe con fe, con el espíritu del alma encantada al que aludía el Amauta Mariátegui, lo que no es asunto de falsos ilustrados sino de las multitudes que harán realidad el ansiado futuro democrático.