Julio Schiappa Pietra
Escrito porAuthor: Julio Schiappa Pietra
Sociólogo y analista político

crónica de las guerras médicas

La crónica de las “guerras médicas” de esta semana demuestra que el lío entre el ministro Zamora y los líderes médicos pasó de un lío de callejón a un evento histórico de gran trascendencia.

Primer suceso de esta crónica. Los dirigentes del Colegio Médico lanzan un torpedo a la línea de flotación del buque insignia del gobierno, el Comité COVID-19, pidiendo la renuncia del ministro de Salud, por “haber abandonado a médicos moribundos en Iquitos”, y renunciando en seco, sin anestesia, al organismo que preside la Dra. Pilar Mazzetti.

Como en las mejores novelas hindúes, el vicedecano del CMP declaró haber llorado cuando escuchó que el ministro Zamora, un poco a lo Robespierre, insinuó que no había viajes especiales para los médicos afiliados al gremio médico.

Zamora tenía planeado viajes para pacientes graves del Ejército, la FAP, Policías, varios integrantes de los servicios sanitarios. Además, su prioridad era llevar, por puente aéreo, balones de oxígeno en el marco de una situación devastadora. Al médico Zamora se le chispoteó, es cierto, pero tenía más de una razón para estar disgustado con los dirigentes médicos, que llegaron a pedir su expulsión del Colegio. Parece que Víctor Zamora sabía que hay 33,000 trabajadores de salud guardando cuarentena en sus casas, de ellos 3,000 médicos de ESSALUD y casi 5,000 del MINSA.

El Colegio Médico, oportunistamente, exigía por la falta de médicos. Cuando el MINSA quiso contratar a 4 mil médicos venezolanos, la dirigencia del Colegio Médico salió a exigir que solo trabajen médicos peruanos colegiados. Hubo tensas negociaciones con estos líderes. Al final, parece que el presidente autorizó a ESSALUD la contratación de jóvenes médicos peruanos a punto de graduarse y de los 4 mil venezolanos impedidos de trabajar con argumentos medievales y xenófobos.

Sin tino ni moderación volvieron a la carga, como sugerir un toque de queda de una semana completa en las regiones del norte, Iquitos, Ucayali y 6 distritos de Lima. Insurrección segura. Inflados por su presencia en medios querían cogobernar el país. Muy humano, pero muy torpe.

Hace un par de años esta crisis hubiera desatado la salida inmediata del ministro de Salud y buena parte del gabinete afectando seriamente la legitimidad del presidente Vizcarra. Pero esta vez no, hubo primero una reacción masiva en redes sobre lo absurdo de cambiar al ministro más importante en la lucha contra el COVID-19. En pocas horas internautas de todos los sectores habían lapidado al decano y vicedecano del gremio hipocrático en el Perú.

Todos defendían la unidad de los peruanos contra la pandemia, por encima de los líos de callejón que siempre nos han hecho cosechar derrotas. Ganada la batalla en las redes, en una entrevista telefónica, desnudaron al vicedecano del Colegio Médico, demostrándole que dejar la Comisión COVID-19 y sacar al ministro era un error.

Un tiro en la nuca. Las guerras médicas han terminado con el traslado de médicos enfermos de Iquitos y Ucayali a Lima, la inauguración de una planta de oxígeno en Iquitos, y un esfuerzo de todo el gobierno por responder a una situación tan grave como la Guerra con Chile.

No creo que la guerra medica ha salvado sólo a un ministro. Me emociona pensar que más bien revela de qué estamos hechos los peruanos.