Maritza Espinoza Huerta
Escrito porAuthor: Maritza Espinoza Huerta
Periodista

Llámale empatía

Una familia común y corriente de San Martín de Porres (que no es precisamente Casuarinas o San Isidro) da un plato de comida al que lo necesite. Lo hacen sin condiciones y, como debe ser, sin mirar a quien. Por cierto, guardan todo el cuidado sanitario posible y lo hacen con sus propios recursos.

Acá hubo empresas que pudieron destinar, en total, más de diez millones de dólares para favorecer a una candidata y entregárselos por lo bajo, sin factura y dizque para salvar la democracia. ¿Cuántos platos de comida podrían salir de ese monto gigantesco? ¿Y por qué no hacen un gesto equivalente hoy, cuando se trata de salvar vidas y no candidaturas?

Las clases dirigentes del Perú no sólo no han dado la talla en esta pandemia.

Los ricos empresarios, que por años han sido los beneficiarios de las mayores ganancias del crecimiento económico, no han sido capaces de hacer un gesto conjunto de empatía y solidaridad. Más bien se la han pasado llorando pobrezas y tratando de aprovechar los resquicios de la legalidad para huir de sus responsabilidades laborales y tributarias.

Seremos otro país cuando las riendas del Perú estén en manos de gente como los Tapia Yale.

Los padres, sobrinos e hijos de un joven odontólogo dan almuerzos gratis en San Martín de Porres.