Pedro Angulo Arana
Escrito porAuthor: Pedro Angulo Arana
Abogado, docente universitario y pastdecano del Colegio de Abogados de Lima

Cuando a Italia le pasó

¿Tenemos algo de latinos, españoles e italianos? Quizá, más propiamente, a los napolitanos. Nápoles, tercera ciudad italiana, es un microcosmos en el que la ley está prácticamente suspendida.

Allí, conducen la moto sin casco y existen barrios donde la Policía apenas puede entrar porque es territorio con más presencia de la camorra (mafia napolitana) que el Estado.

Al igual que soportan malamente la ley, no aguantan las colas ni la disciplina. Difícilmente soportará una fila y su tendencia será la de colarse (¿recordamos algo?).

Además, creen poco en el Estado y en la Justicia, y confían más en los amigos, en los favores y las recomendaciones. Por eso, en Italia sin recomendación se hace casi imposible superar la burocracia.

El hecho de no amar al Estado y considerarlo un elemento extraño, y a menudo enemigo, lleva al engaño y al fraude (¿alguna connotación?).

Nacen así los clientelismos y las mafias. Éstas llegan a constituir Estados dentro del Estado (¿recordamos ahora las “redes” de corrupción?).

Italia, también tiene un vicio antiguo (¿Romano clásico?): el populismo. Casi siempre ha sido dominada por el populismo: un jefe capaz y determinado a conquistar el poder, reforzarlo y mantenerlo, basándose en sus dotes de seducción (¿algún parecido con nuestra historia?).

El poder ha sido un objetivo, más que un instrumento para realizar el bien común. Se explica así la fascinación que ha podido causar Silvio Berlusconi, gran actor capaz de embaucar a más de diez millones de votantes, utilizando los medios y el poder fundamentalmente para sus intereses.