César Campos Rodríguez
Escrito porAuthor: César Campos Rodríguez
Periodista y analista político

El camino del infierno

 “Creo que estabas tratando de hacer lo mejor y sé lo difícil que puede ser tomar decisiones”. Esto le dice Katherine Graham (la propietaria de The Washington Post) a Robert McNamara (su amigo y ex secretario de Defensa de los Estados Unidos) en uno de los tensos diálogos que recrea la película “The Post: los oscuros secretos del Pentágono”, magníficamente dirigida por Steven Spielberg.

Mc Namara está contra las cuerdas por la revelación que hace The New York Times sobre los documentos secretos donde se reporta la forma como se involucró el país del norte en la guerra de Vietnam y él hizo de la vista gorda durante el gobierno de Lyndon B. Johnson sabiendo que era inútil sacrificar a más jóvenes enviándolos a ese conflicto asiático y que perderían. Quiere que Graham no los publique en el Post. Ella le reitera su cariño y la seguridad de sus buenas intenciones, pero no se compromete a ocultar la información.

Todo este cuadro me saltó a la vista cuando escuché al presidente Martín Vizcarra en su confuso y patético “pronunciamiento” del viernes 22 (sin siquiera preguntas de la prensa “por sorteo”) donde anuncia la extensión de la cuarentena, el estado de emergencia y una flexibilización de la rigidez para permitir la reapertura de ciertas actividades productivas.

Tal es el desbarajuste latente en el gobierno que hasta ayer, pasado el mediodía, no se publicaba el Decreto Supremo anunciado, mostrado y leído en parte por Vizcarra con el texto en la mano. El premier Vicente Zeballos señaló temprano en RPP que la demora obedecía a “las características muy complejas” de la norma por su contenido técnico. La verdad parece ser otra pues la noche del viernes los ministros de Salud y de la Producción –en programas de TV diferentes– dieron versiones contradictorias respecto al servicio de peluquería. Uno decía que era para prestarse en casa y la otra en los locales autorizados.

Vizcarra admitió que su administración ha cometido errores pero que los ha rectificado. Con dramatismo, añadió: “pero jamás nadie puede atribuirnos mala intención”. En efecto, es impensable que en una crisis sanitaria de esa magnitud el presidente sea prisionero de sentimientos innobles o de baja estofa.

Como Graham a Mc Namara podemos decirle a Vizcarra que ha tratado y trata de hacer lo mejor pero que lo hace muy mal por la esencia mediocre de su gobierno y aferrarse de manera necia a la voz ideologizada del “equipo científico” arriado por Víctor Zamora al entorno presidencial. Que no eluda después el juicio de la historia, la cual recuerda siempre que el camino del infierno también está empedrado de buenas intenciones