Patricia Salinas Oblitas
Escrito porAuthor: Patricia Salinas Oblitas
Periodista

Patricia Salinas

La mayoría de medios de comunicación, especialmente canales de televisión, si no encuentran la víctima perfecta para su truculenta  y sensacionalista historia, inmediatamente esa misma víctima se convierte en villana, sobre todo, si es mujer.

Pasó con Rosario Ponce y con Eva Bracamonte, quienes fueron presentadas en despiadados reportajes como frías asesinas, hasta que, en ambos casos, fueron absueltas por la justicia después de soportar años de linchamiento mediático y especulaciones de todo tipo. ¿Por qué se ensañaron con ellas de esa manera? Porque aparecían ante cámaras tranquilas, sin llorar, a veces, incluso, con una sonrisa nerviosa y eso las hacía culpables. Culpables por ser fuertes y , en el caso de Rosario Ponce, culpable hasta de haber sobrevivido varios días en el frío del Colca, sin comida ni agua, mientras que su compañero, siendo hombre, no lo había logrado.

Si no eran las víctimas perfectas, frágiles y vulnerables, pues tenían que ser las villanas, como acaba de pasar también con Gabriela Sevilla, a quien los medios parecen no perdonarle el haber aparecido viva y con eso, tirarse abajo toda la ‘información’ que habían dado hasta el momento sobre su caso. Incluso una reportera le increpó en su cara el tiempo y los recursos que les había hecho perder con ‘su mentira’.  Solo les faltó decirle ¿por qué no aparaciste muerta? Estaban más indignados que cuando se supo que Alajandro Sanchez, el dueño de la casa de Sarratea, había estado ‘muerto’ por 24 horas según la Reniec, tiempo suficiente para haberse dado a la fuga como tantos otros personajes cercanos al presidente Castillo, pero claro, el caso de una embarazada que no estaba embarazada y que no tiene nada que ver con la corrupción de este gobierno, vende más que un muerto que no estaba muerto. O eso es lo que les conviene hacernos creer.

Pero hablemos de ética periodística y manejo de fuentes. En el caso de Gabriela Sevilla se ha actuado saltándose todas las reglas, comenzando por el ministro del Interior, Willy Huerta, quien salió a anunciar, que según los exámenes que le acababan de hacer en el Hospital Militar, no había rastros de embarazo ¿Eso no es información confidencial? Luego, mientras la Clinica Internacional lanzaba un comunicado en el que explicaba que conforme a lo que establece la Ley General de Salud, toda información relativa al acto médico tiene carácter reservado, por lo cual, no podían divulgar información médica de sus pacientes, programas de farándula tocaban el tema alegremente y uno de ellos, sacó datos extraoficiales de la clínica, lo cual no solamente no es ético, sino también ilegal.

Y es que no se trata de un tema de interés público, es decir, algo que afecte a toda la nación. A estas alturas, es un problema privado, en el que hasta donde se sabe (ya que por más conclusiones definitivas que quieran sacar, lo cierto es que no hay nada claro), hay una persona con algún tipo de transtorno, que necesita ayuda y contención.

Sin embargo, en lugar de eso, se van con todo en contra de ella y hasta piden que la metan presa por delito contra la fe pública (ya varios abogados han aclarado que esa figura no existe en este caso); pero escuchan con absoluta credulidad la versión de Ramiro Gálvez, pareja de la joven, quien aseguró en su testimonio ante la Dirincri, que recién allí, estaba confirmando que Gabriela no estaba embarazada, algo que había ‘comenzado a sospechar’ cuando ya había pasado más de 15 días de la probable fecha de parto que le habían dado…ya pues, algo no cuadra ¿no?, solo una sociedad misógina como la nuestra, puede poner todos los reflectores solo sobre ella.

En este caso pueden haber muchas mentiras, pero lo que es verdad es la escalofriante cifra de mujeres desaparecidas solo hasta agosto de este año: 3528. Tres mil quinientos veintiocho casos de los cuales no hablan y prefieren quedarse pegados al de Gabriela Sevilla. Triste realidad la nuestra.

(*) publicado en la revista Caretas.

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