Escrito porAuthor: José Luis Vargas Sifuentes

Nuestra heroina de ébano

La historia del Perú está llena de hechos heroicos protagonizados por mujeres, pero son poco conocidos y la mayoría minimizados en los textos escolares, suponemos que por el simple hecho de pertenecer al ‘sexo débil’.

Uno de esos tantos casos fue el protagonizado hace 137 años, en este caso por una mujer de raza negra, que no ha recibido la atención ni los honores que le corresponden.

Ocurrió a fines de la infausta Guerra del Pacífico (1879-1883) y tuvo por escenario el distrito de San José de Los Molinos, provincia y departamento de Ica.

La heroína fue Catalina Buendía de Pecho, a quien no se le rinden los honores que merece, como a muchas otras que lucharon durante la guerra independentista.

Son escasos los datos biográficos sobre ella. Los pocos testimonios que se conocen son a través de la tradición oral de los habitantes de Los Molinos, un pacífico pueblo del valle iqueño, creado el 14 de noviembre de 1876 en la margen izquierda del río Ica, y paso obligado hacia la sierra.

Se desconoce la fecha de su nacimiento, pero desde niña demostró un profundo fervor patriótico. Se afincó en Los Molinos y dedicó a la cosecha de algodón. Se casó con el agricultor José La Rosa Pecho, con quien tuvo un hijo llamado Hilario. Era una mujer alta, musculosa e imponente y de carácter fuerte, con cualidades de liderazgo, y era muy respetada por sus coterráneos.

Cuando los chilenos invadieron nuestro país y una parte de su ejército se dirigía a la sierra, Catalina organizó a los vecinos para impedir que cruzaran por el lugar. Con escopetas, hondas, barretas y otras armas caseras improvisadas ocuparon El Cerrillo, a 3 km de la plaza.

Todos trabajaron día y noche bajo sus órdenes. Los hombres construyendo fortines, abriendo zanjas e improvisando catapultas; las mujeres, cargando herramientas y arena para los costales de la línea de resistencia, y los niños llevando en sus limetas chicha de jora.

Enarbolando nuestra bandera bicolor, Catalina Buendía los arengaba gritando: “¡No pasarán!, ¡no pasarán!, ¡viva el Perú!”

La mañana del 20 de noviembre de 1883 apareció la caballería chilena seguida de la infantería y la artillería ligera en ordenada marcha. Su presencia atemorizaba y disuadía cualquier intento de rechazo u oposición de los pueblos.

Pero en Los Molinos fueron recibidos con una lluvia de piedras lanzadas desde el cerro, una descarga de escopetería y el tumultuoso empuje de una masa afiebrada, que descontroló y desbocó a sus jinetes e impidió el accionar de infantes y artilleros. Sobre ese caos los combatientes iqueños se abalanzaron, lucharon cuerpo a cuerpo con machete y cuchillo contra los invasores; les ocasionaron numerosas bajas y obligaron a retroceder.

Después de ese hecho el lugareño Chang Joo, de ascendencia china, se vendió a los chilenos y les dio información sobre la ubicación de los patriotas iqueños y la forma de atacarlos por la retaguardia y por sorpresa. La traición causó una sangrienta derrota para los nuestros. Al verse perdidos apareció Catalina tratando suspender la matanza. Portando una bandera blanca gritó: "¡Paz! ¡Queremos paz honrosa! ¡No más sangre!"

Entre la polvareda y las balas, con el traje rasgado, el rostro herido y sudorosa, se dirigió al jefe de la tropa enemiga, cuyo nombre no ha sido registrado, y le propuso una paz honrosa. El jefe chileno aceptó la propuesta y se comprometió a respetar los derechos de los insurrectos.

A una señal de Catalina, sus hombres bajaron del cerro y depusieron sus armas. Cuando el último de ellos dejó caer la suya, el jefe militar, desconociendo su promesa, ordenó a sus hombres que dispararan contra los inermes rendidos.

Disimulando su dolor por la muerte de sus hombres, Catalina alabó el triunfo del militar chileno y le ofreció brindar con la ‘chicha de la victoria’ que, dijo, había preparado para sus hombres. Para convencerlo, cogió una jarra de chicha de jora -previamente envenenada con la savia del arbusto ‘piñón’-, se sirvió un vaso y la bebió con serenidad.

Convencido, el militar chileno bebió también y pasó el recipiente a sus hombres, quienes, por el calor y la fatiga, aceptaron beberla. Poco después, uno de ellos notó que su jefe se desplomaba. “¡La chicha está envenenada!", gritó.

Tras algunos minutos, Catalina se desplomó violentamente, y el oficial moribundo le disparó un tiro a la cabeza. Ambos cayeron muertos al igual que muchos soldados chilenos.

Solo el Instituto de Educación Superior Tecnológico Público de Ica y un colegio mixto fundado en 1966 llevan su nombre.


Plasma convaleciente

Hasta la fecha, no existe un tratamiento o vacuna contra el covid-19. Ante la pandemia del coronavirus, expertos de todo el mundo están usando las técnicas más avanzadas para encontrar un tratamiento contra la enfermedad covid-19. Hay, sin embargo, un grupo que le apuesta a una técnica que existe desde hace más de un siglo.

Se trata de la terapia con plasma convaleciente, un procedimiento que se ha ensayado durante otras pandemias y que ahora un grupo de médicos está utilizando para brindarles una esperanza a las personas que corren el riesgo de morir a causa del covid-19.

El principio es sencillo: hacer transfusiones de plasma de la sangre de quienes ya se han recuperado de la enfermedad a pacientes que estén batallando contra ella.

¿Cómo funciona esta técnica y por qué prestigiosos médicos y científicos creen que podría funcionar?

El plasma es el suero o porción líquida que queda después de que se hayan removido los glóbulos rojos, las plaquetas y otros componentes celulares de la sangre. Este líquido contiene agua, sales, anticuerpos y otras proteínas y usualmente se utiliza en terapias para personas con deficiencias del sistema inmune, hemofilia o que hayan sufrido traumas como quemaduras o mordeduras de animales con rabia.

Antes de que se descubrieran los antibióticos, el plasma también era un tratamiento común para combatir infecciones bacteriales. Hay registros de que durante la pandemia de gripe de 1918, más de 1.700 personas recibieron transfusiones de plasma, pero es difícil determinar qué tan efectivas fueron con base en los estándares de la medicina de hoy.

¿Cómo funciona?

Cuando una persona tiene una infección, su organismo reacciona creando anticuerpos para defenderse. Una vez la persona se recupera, esos anticuerpos quedan almacenados en el plasma durante semanas o incluso años.

La terapia de transfusión de plasma convaleciente se basa en que el enfermo reciba los anticuerpos que ya vencieron al virus en otra persona. Los expertos también le llaman "terapia de anticuerpos pasiva", porque en vez de esperar a que el organismo cree sus propios anticuerpos, como ocurre con las vacunas, aquí se trata de irrigar su sangre con un plasma que ya tiene los tiene.

¿Por qué intentarlo ahora?

La técnica del plasma convaleciente ya se ha estudiado en epidemias de otras enfermedades respiratorias como la del SARS en 2003, la gripe H1N1 en 2009 y la de MERS en 2012.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) considera que el plasma convaleciente es un tratamiento "prometedor" y ya autorizó que se utilice en pacientes de covid-19 que enfrenten "amenazas severas o inmediatas para su vida".

Varios hospitales de Estados Unidos están recibiendo donaciones de plasma de pacientes recuperados de covid-19 para trasplantarla a pacientes enfermos.

La misma FDA, sin embargo, se refiere a la terapia de plasma como un "tratamiento en investigación" que "no ha mostrado ser efectivo en todas las enfermedades en las que se ha estudiado".

5 lugares que han aplicado estrategias exitosas

La agencia, dependiente del Departamento de Salud de EE.UU., dice que es importante hacer ensayos clínicos para determinar si el plasma convaleciente es "seguro y efectivo" para tratar a pacientes de covid-19, y esa es la tarea que se puso un grupo de investigadores del país.

"La historia nos da optimismo, pero tenemos que probarlo con el coronavirus", le dice a BBC Mundo el médico inmunólogo Arturo Casadevall, jefe del Departamento de Microbiología Molecular e Inmunología en la Universidad Johns Hopkins.

Casadevall es el líder de un proyecto que reúne a 34 hospitales y universidades de 17 estados EE.UU. que se preparan para hacer pruebas clínicas de plasma convaleciente en pacientes de covid-19.

Este proyecto se basa en recibir donaciones de plasma de personas que ya se hayan recuperado de la enfermedad. Instituciones prestigiosas como la Universidad Johns Hopkins, la Escuela de Medicina Mount Sinai y la Clínica Mayo están involucradas en el proyecto.

Aunque algunos hospitales en Nueva York ya comenzaron a aplicarles plasma convaleciente a pacientes de covid-19, Casadevall advierte que lo más importante es hacer pruebas clínicas controladas.

El médico se refiere a que en medio de las pandemias siempre se ha usado plasma, pero nunca se han hecho pruebas en las que se comparen los resultados de quienes reciben el plasma con un grupo de control que reciba un placebo.

Los integrantes del proyecto están a la espera de que en los próximos días la FDA les de autorización para hacer estas pruebas.

En países como Reino Unido y Colombia también están en marcha planes para hacer pruebas clínicas controladas con plasma convaleciente. Los resultados de estos ensayos servirán para probar la efectividad de la técnica, así como para saber si tiene mejores resultados como tratamiento preventivo, como algo que se deba hacer durante las primeras etapas de la enfermedad o como un último recurso en pacientes graves.

También será clave responder preguntas acerca de la cantidad de anticuerpos necesaria, cuánto tardan los pacientes en mostrar una reacción positiva y qué tan duradera es la protección que podrían desarrollar.

Esperanza

Durante esta pandemia de Coronavirus, en China ya se hicieron estudios que mostraron que el trasplante de plasma puede tener buenos resultados. Estas pruebas, sin embargo, no se llevaron a cabo con un grupo de control.

"Aún no se conoce si el plasma convaleciente es efectivo para el covid-19, pero hay datos aislados que sugieren que lo podría serlo", le dice a BBC Mundo el médico inmunólogo especialista en trasplantes Joaquín Madrenas, director científico del Instituto Lundquist, afiliado a la Escuela de Medicina de la Universidad de California en Los Ángeles, donde también es profesor.

"Dada la incertidumbre sobre el plasma convaleciente, su uso se considera aún experimental y por ello son necesarios estudios controlados que demuestren o descarten su eficacia", dice Madrenas.

Casadevall, por su parte, advierte que los resultados de estas pruebas pueden tardar "varias semanas" y aunque es escéptico, tiene un tono optimista.

"La historia de la terapia de plasma da esperanza, pero hasta que no hagamos la prueba clínica no tendremos certeza".

(*) Publicado por BBC de Londres


Orson Wells

Un 30 de octubre, pero de hace 81 años, el célebre personaje entraba en el Estudio Uno de la CBS para narrar en directo la adaptación de la novela de H.G. Wells y poner el planeta a merced de los alienígenas.

Hoy día resulta impensable concebir que un fenómeno tan extraordinario como el que aconteció un 30 de octubre de 1938 pudiera volver a suceder. Hace 82 años un joven Orson Welles ponía el mundo patas arriba al provocar el pánico entre miles de personas, convencidas de que Estados Unidos estaba siendo invadida por un ejército de alienígenas.

Alrededor de las ocho de la tarde, el Estudio Uno de la Columbia Broadcasting en Nueva York se convertía en el escenario donde Welles iba a interpretar, acompañado de la compañía teatral Mercury que el mismo dirigía, la novela del escritor británico H.G. Wells, «La guerra de los mundos».

Tan solo unos meses después de que la popular emisora CBS le ofreciera llevar a cabo un programa semanal basado en la dramatización de obras literarias, Welles lograba dejar los 59 minutos de radio más famosos de la historia. En un contexto marcado por la Gran Depresión, el locutor norteamericano pensó que tal adaptación contada en forma de noticiario de última hora calaría en el seno de la audiencia. Y vaya si lo hizo.

A pesar de que «la Columbia Broadcasting System (C.B.S.) y sus estaciones asociadas» habían presentado al inicio del programa tanto a Orson Welles como al Mercury Theatre en la adaptación de «La guerra de los mundos» de H. G. Wells, muchos radioyentes sintonizaron más tarde la emisión o, simplemente, no prestaron la suficiente atención a una simple introducción de lo que parecía un programa cualquiera.

Así, en plena víspera de Halloween, tan solo tuvo que prender la mecha con un comienzo espeluznante: «Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de baile para comunicarles una noticia de último minuto procedente de la agencia Intercontinental Radio. El profesor Farrel del Observatorio de Mount Jennings de Chicago reporta que se ha observado en el planeta Marte algunas explosiones que se dirigen a la Tierra con enorme rapidez... Continuaremos informando».

Tras el primer corte y para darle aún mayor veracidad a la noticia, Welles retomaba la supuesta emisión de una orquesta desde el Hotel Meridian Plaza para volver a parar a medida que la ficticia invasión extraterrestre se iba desarrollando, «damas y caballeros, tengo que anunciarles una grave noticia. Por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad nos obligan a creer que los extraños seres que han aterrizado esta noche en una zona rural de Jersey son la vanguardia de un ejército invasor procedente del planeta Marte...»

Alrededor de 12 millones de personas escucharon la transmisión. Las interrupciones eran cada vez más frecuentes y con un mayor tono de alarmismo, como prueba la secuencia del personaje Carl Philips desde Grovers Mill, en el Estado de Nueva Jersey, donde supuestamente se estaba sucediendo el aterrizaje: «Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado... ¡Espera un minuto! Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien... o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos... ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea...».

Los datos de audiencia estiman que cerca de 12 millones de personas escucharon la transmisión y otras tantas cayeron presa del pánico abandonando sus casas y colapsando carreteras, estaciones o comisarías de policía. Los teléfonos de emergencia echaron humo durante varias horas recibiendo multitud de mensajes que decían haber visto a los extraterrestres. El polémico acontecimiento, que terminaba con la «muerte» del propio Orson Welles a causa de los gases que emanaban los invasores, pudo ser el fin de su fulgurante carrera, pero visto en perspectiva, aquello, en realidad, no fue más que el inicio de su leyenda.

(*) Publicado por ABC de España


new york times

Cuando solicitamos a los lectores que nos enviaran sus preguntas sobre el coronavirus, surgió un tema común: muchas personas temen llevar el virus a sus casas en la ropa, los zapatos, el correo e incluso en el periódico.

Contactamos a expertos en enfermedades infecciosas, científicos de aerosoles y microbiólogos para contestar las preguntas de los lectores sobre los riesgos de entrar en contacto con el virus durante las salidas esenciales a la calle y las entregas a domicilio. Si bien es cierto que necesitamos tomar precauciones, sus respuestas fueron reconfortantes.

¿Debo cambiarme de ropa y bañarme cuando llego a casa del supermercado?

En el caso de la mayoría de los que practicamos el distanciamiento social y realizamos solo viajes ocasionales al supermercado o a la farmacia, los expertos están de acuerdo en que no es necesario que nos cambiemos la ropa o tomemos una ducha al regresar a casa. Lo que sí debes hacer siempre es lavarte las manos. Si bien es cierto que cuando una persona infectada estornuda o tose puede lanzar gotitas virales y partículas más pequeñas por el aire, la mayor parte de ellas caerán al suelo.

Los estudios demuestran que algunas partículas virales pueden flotar en el aire alrededor de media hora, pero no pululan como mosquitos y es poco probable que entren en contacto con tu ropa.

“Una gotícula que es lo suficientemente pequeña como para flotar en el aire durante un tiempo tiene muy pocas probabilidades de alojarse en la ropa debido a la aerodinámica”, afirmó Linsey Marr, científica especializada en aerosoles del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia. “Las gotitas son tan pequeñas que se moverán en el aire alrededor de tu cuerpo y tu ropa”.

¿Por qué las gotículas y partículas virales no se alojan normalmente en nuestra ropa?

 “La mejor manera de describirlo es que las gotitas siguen las corrientes de aire alrededor de una persona, porque nos movemos relativamente despacio. Son como los pequeños insectos y las partículas de polvo que flotan en las corrientes de aire alrededor de un auto que va a baja velocidad, pero que potencialmente pueden chocar con el parabrisas si el auto va lo suficientemente rápido”, dijo la doctora Marr.

“Los humanos por lo general no se mueven lo suficientemente rápido para que esto suceda”, continuó Marr. “Mientras nos movemos, apartamos el aire de nuestro camino y, con él, la mayoría de las gotitas y partículas también se apartan de nuestro camino. Alguien tendría que esparcir grandes gotas a través del habla —como las personas que escupen al hablar—, la tos o el estornudo para que lograran alojarse en nuestra ropa. Las gotitas tienen que ser bastante grandes para no seguir las corrientes de aire”.

Así que, si estás haciendo compras y alguien te estornuda encima, probablemente lo mejor sea ir a casa, cambiarte y bañarte. Pero el resto del tiempo, ten la tranquilidad de saber que tu lento cuerpo empuja el aire y aleja las partículas virales de tu ropa como resultado de las leyes básicas de la física.

¿Existe el riesgo de que el virus esté en mi cabello o barba?

Por todas las razones descritas anteriormente, no debería preocuparte la contaminación viral en tu cabello o barba si estás practicando el distanciamiento social. Incluso si alguien estornudara en la parte posterior de tu cabeza, cualquier gotita que cayera en tu cabello sería una fuente improbable de infección.

“Debes pensar en todo el proceso de lo que tendría que pasar para que alguien se infectara”, afirmó Andrew Janowski, profesor de Enfermedades Infecciosas Pediátricas en el Hospital Infantil St. Louis de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington. “Alguien debe estornudar, y ese estornudo debe tener una cierta cantidad de virus. Luego, debe caer sobre ti la cantidad suficiente de gotas”.

“Después, tendrías que tocar precisamente la parte de tu cabello o ropa que tiene esas gotitas, las cuales ya habrían tenido una reducción significativa de partículas virales”, dijo Janowski. “Entonces, tendrías que tocar eso y luego tocar alguna de las partes de tu rostro que son propicias para entrar en contacto con el virus. Cuando repasas la cadena de eventos que deben ocurrir, hay muchas cosas que tienen que suceder de manera precisa. Por eso el riesgo es muy bajo”.

¿Debería preocuparme cuando lavo y acomodo la ropa? ¿Puedo provocar que se liberen partículas virales de mi ropa y empiecen a circular en el aire?

La respuesta depende de si estás haciendo tu lavado de ropa de rutina o si estás lavando las prendas de una persona enferma.

La rutina acostumbrada de lavado de ropa no debe ser causa de preocupación. Lava las prendas como normalmente lo haces. Si bien algunos tipos de virus, como el norovirus, pueden ser difíciles de limpiar, el nuevo coronavirus, al igual que el virus de la influenza, está rodeado de una membrana grasosa que es vulnerable al jabón. Lavar tu ropa con un detergente normal, siguiendo las instrucciones según el tipo de tela, y luego meterla en la secadora es más que suficiente para eliminar el virus, si es que acaso estuvo allí.

“Sí sabemos que los virus pueden caer en la ropa (dentro de gotas virales) y luego ser liberados al aire con el movimiento, pero se necesitaría de una gran cantidad de virus para que esto fuera una preocupación, mucho mayor de la que una persona normal podría encontrar mientras da un pequeño paseo al aire libre o va al supermercado”, dijo Marr.

La excepción se da cuando se está en contacto directo con una persona enferma. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomiendan que uses guantes cuando limpies las pertenencias de alguien enfermo y que procures no sacudir sus prendas de vestir ni su ropa de cama. Usa el agua con la mayor temperatura posible y seca las prendas por completo. Puedes mezclar la ropa de una persona enferma con la del resto de los habitantes de la casa. Pero el simple hecho de dejar la ropa reposar un rato también reduce el riesgo, porque el virus se secará y se desintegrará.

 “Sabemos que estos tipos de virus tienden a desintegrarse más rápidamente en tela que en superficies duras y sólidas como el acero o el plástico”, dijo Marr.

Entonces, ¿cuánto tiempo puede durar activo el virus en la tela y en otras superficies?

La mayoría de lo que sabemos acerca de la cantidad de tiempo que este nuevo coronavirus vive en las superficies viene de un importante estudio publicado en marzo en The New England Journal of Medicine. El estudio reveló que el virus puede sobrevivir, en condiciones ideales, hasta tres días en superficies duras de metal y plástico y hasta 24 horas sobre cartón.

Pero el estudio no examinó la tela. Sin embargo, la mayoría de los expertos en virus creen que la investigación sobre el cartón ofrece pistas acerca del comportamiento más probable del virus en la tela. Las fibras naturales y absorbentes del cartón parecen ser la causa de que el virus se seque más rápido que en las superficies duras. Las fibras de la tela muy probablemente produzcan un efecto similar.

Un estudio de 2005 del virus que causa el síndrome respiratorio agudo grave (SRAG o SARS en inglés), el cual es otro tipo de coronavirus, proporciona mayores certezas. En ese estudio, los investigadores examinaron cantidades cada vez más grandes de muestras virales en papel y en una prenda de algodón. Dependiendo de la concentración del virus, tardó cinco minutos, tres horas o veinticuatro horas en volverse inactivo. “Incluso con una carga relativamente alta de virus en las gotículas respiratorias, se percibió una rápida pérdida de capacidad infecciosa sobre los materiales de papel y algodón”, concluyeron los investigadores.

¿Debo preocuparme por el correo, los paquetes que me llegan a domicilio o el periódico?

El riesgo de enfermarse por manipular correo o paquetes es extremadamente bajo y, en estos momentos, solo teórico. No existe ningún caso documentado de alguien que se haya enfermado por abrir un paquete o leer un periódico.

Sin embargo, eso no significa que no se deban tomar precauciones. Tras manipular correo, paquetes o leer el periódico, desecha los empaques y lávate las manos. Si todavía te sientes especialmente ansioso respecto a tocar esos artículos, cumple con los lineamientos del estudio de The New England Journal y simplemente deja que pasen 24 horas antes de manipular el correo y los paquetes.

¿Qué tanto debo preocuparme por el riesgo de infección si salgo a pasear al perro o a ejercitarme?

Las posibilidades de contagiarse del virus en exteriores son extremadamente bajas, siempre y cuando mantengas una distancia prudente de otras personas.

“Estar al aire libre es seguro, y ciertamente no hay nubes de gotículas respiratorias cargadas de virus merodeando por ahí”, afirmó Lidia Morawska, profesora y directora del Laboratorio Internacional de Calidad del Aire y Salud de la Universidad de Tecnología de Queensland, en Brisbane, Australia.

“Primero, cualquier gotita respiratoria infecciosa exhalada al aire libre se diluye rápidamente en el aire, así que sus concentraciones enseguida se vuelven insignificantes”, dijo Morawska. “Además, la estabilidad del virus al aire libre es muchísimo menor que en espacios cerrados. Así que estar afuera no es realmente un problema, a menos que estemos en un lugar muy concurrido, lo que de todas maneras no está permitido en la actualidad. Es seguro ir a dar un paseo o trotar y no preocuparse por el virus en el aire, y no hay necesidad de lavar de inmediato la ropa”.

He leído que, al llegar a casa de un paseo, debo quitarme los zapatos y limpiarlos. ¿Debo gastar mis preciadas toallitas desinfectantes en eso?

Los zapatos pueden albergar bacterias y virus, pero eso no significa que sean una fuente común de infecciones. Un estudio de 2008 encargado por Rockport Shoes encontró un montón de asquerosidades, incluyendo bacterias fecales, en las suelas de nuestros zapatos. Un estudio reciente de China reveló que la mitad de los trabajadores de la salud que participaron tenían coronavirus en los zapatos, lo cual no es de sorprender porque venían de hospitales con pacientes infectados.

Entonces, ¿qué debemos hacer con respecto a los zapatos?

Si tus zapatos se pueden lavar, puedes meterlos en la lavadora. Algunos lectores preguntaron sobre limpiar las suelas de sus zapatos con toallitas. Eso no se recomienda. No solo es desperdiciar una buena toallita desinfectante (todavía hay escaso suministro de ellas), sino que traslada gérmenes que podrían permanecer en la suela de tus zapatos o en el piso directamente a tus manos.

Puedes intentar no pensar en las cosas que acechan en tus zapatos o puedes tener una conversación con tu familia sobre adoptar la costumbre de dejar los zapatos en la entrada del domicilio. Ya hemos escrito sobre las ventajas y desventajas de quitarse los zapatos en la entrada en este artículo. Si tienes un niño que gatea o juega en el piso, un familiar con alergias o alguien con un sistema inmunitario comprometido, un hogar sin zapatos podría ser una buena idea para mantener una higiene general.

Janowski afirmó que los zapatos no representan una forma de contagio del coronavirus que deba preocuparnos, aunque sí puede resultar perturbador pensar dónde han estado tus zapatos.

(*) PUBLICADO POR THE NEW YORK TIMES


clarin

El coronavirus puede durar entre 1 y 2 días en superficies de madera, ropa o vidrio y hasta más de cuatro días en plásticos, billetes, mascarillas quirúrgicas y en el acero inoxidable, según el nuevo documento científico-técnico sobre el Covid-19 publicado por el Ministerio de Sanidad de España​.

Asimismo, y al igual que en los anteriores casos, en condiciones de 22 grados de temperatura  y 60% de humedad, el coronavirus sólo permanece activo tres horas en superficies de papel.

Ahora bien, en ambientes con temperaturas que oscilan entre los 21 y 23 grados y con  40% de humedad, el coronavirus se mantiene activo durante cuatro horas en superficies de cobre, ocho horas en el cartón, 48 horas en el acero inoxidable y hasta 72 horas en el plástico.

También se detectó el virus en algunas muestras de aire en dos hospitales de Wuhan (China​), lugar donde apareció por primera vez, en diferentes concentraciones. Si bien la mayoría de las muestras fueron negativas o el virus se detectó en concentraciones muy bajas, mientras que hubo una “mayor concentración” en los baños de los pacientes y en las habitaciones que los profesionales sanitarios utilizaban para quitarse los equipos de protección individual.

No obstante, tras aumentar la limpieza de los baños y reducir el número de médicos usando las habitaciones, se redujeron los contagios. En este sentido, el Ministerio de Sanidad de España reconoce que todavía no se conoce el significado de estos hallazgos y si la cantidad detectada puede ser infectiva.

En otros contexto no se pudo detectar el coronavirus en muestras de aire tomadas a 10 centímetros de la boca de una persona infectada con cargas virales, a la que se pidió que tosiera, ni en muestras de aire de las habitaciones de tres pacientes hospitalizados.

“Aunque se detectó el genoma y el virus infectivo en heces de personas enfermas, la trasmisión a través de las heces es otra hipótesis para la cual no existe evidencia en esta epidemia hasta la fecha”, reconoce el informe oficial, para comentar que las manifestaciones clínicas gastrointestinales no son demasiado frecuentes en los casos de Covid-19, lo que indicaría que esta vía de transmisión, en caso de existir, tendría un “impacto menor en la evolución de la epidemia”.

(*) PUBLICADO POR CLARÍN DE ESPAÑA


BBC

Pasó a la historia como "gripe española" por la atención que se le dio en los medios de ese país, que no estaban sometidos a la fuerte censura de los de los países que participaban en la guerra. Es posible que hasta hace unos meses no hubieras oído hablar de la "gripe española", la pandemia que mató a millones de personas a principios del siglo XX. Y seguramente con la crisis del coronavirus ya habrás oído mencionarla.

Catalogada a menudo como "la madre de todas las pandemia", la que pasaría a la historia como gripe española causó la muerte de entre 20 y 50 millones de personas alrededor del mundo, según cálculos de la Organización Mundial de la Salud.

Se extendió entre 1918 y 1920, y los científicos creen que fue contagiada al menos un tercio de la población mundial de aquel entonces, calculada en 1.800 millones de habitantes. Incluso causó más muertes que la I Guerra Mundial, que estaba terminando justo cuando se desató la pandemia.

Mientras el mundo reacciona ante la covid-19, te proponemos mirar hacia el pasado hasta el tiempo de la última gran pandemia que puso en compás de espera al planeta. Esto fue lo que ocurrió cuando todo terminó.

1921, un mundo distinto

La medicina y la ciencia eran campos mucho más limitados para tratar la enfermedad, si las comparamos con la actualidad. Hay estudios que apuntan a que la epidemia comenzó en EE.UU., otros apuntan a Francia en 1916 o en China y Vietnam en 1917. Los doctores de entonces sabían que un microorganismo era responsable de la epidemia de gripe y que la enfermedad se podía transmitir persona a persona, pero pensaban que la causa estaba en una bacteria, no un virus.

Los tratamientos también eran limitados. El primer antibiótico solo fue descubierto hasta 1928 y la primera vacuna para la gripe solo estuvo disponible en los años 40. Pero ante todo, no había sistemas públicos de salud. E incluso en los países desarrollados la salud era un lujo.

"En las naciones industrializadas, la mayoría de los médicos trabajaba de manera independiente o era financiado por instituciones benéficas o religiosas. Y muchas personas no tenían acceso a ellos", dice Laura Spinney, escritora científica y autora del libro "El jinete pálido: la gripe española de 1918 y cómo cambió el mundo".

Para empeorar las cosas, la pandemia de 1918 atacó de una manera que no se había visto en las anteriores, como la que ocurrió entre 1889 y 1890, y causó la muerte de cerca de un millón de personas. La mayoría de las víctimas fatales fueron personas entre los 20 y los 40 años, y los hombres se vieron notoriamente más afectados que las mujeres. Probablemente porque se cree que la pandemia se inició en uno de los atestados campos de batalla del Frente Occidental y después se dispersó cuando los soldados regresaron a casa de la guerra.

La pandemia de gripe de principios del siglo XX fue única debido a la desproporcionada cantidad de jóvenes que mató. La enfermedad también fue implacable con los países más pobres. Un estudio de la Universidad de Harvard, publicado este año, estima que cerca del 0,5% de la población de EE.UU. de aquel entonces murió debido a la epidemia (cerca de 550.000 personas).En cambio, India vio fallecer a 17 millones de personas en el país debido a la enfermedad.

"Las víctimas que produjeron la I Guerra Mundial y la gripe española tuvieron un desastroso impacto económico", dijo Catharine Arnold, autora del libro "Pandemia 1918". Los abuelos de Arnold estuvieron entre las víctimas de esa pandemia. "En muchos países, no quedaban hombres jóvenes para llevar adelante el negocio familiar, dirigir las granjas, capacitarse para profesiones y oficios, casarse y criar hijos para reemplazar a esos millones que habían muerto", explicó Arnold. "La falta de hombres elegibles llevó al llamado problema de las 'mujeres de repuesto', con millones de mujeres que no lograron encontrar una pareja adecuada", añadió.

Mujeres al trabajo

Aunque la epidemia no causó cambios radicales en la estructura social -no tan grandes como la caída del feudalismo por la peste negra en el siglo XIV, por ejemplo-, sí fue fundamental para inclinar la balanza de género en muchos países. La investigadora de la Universidad Texas A&M Christine Blackburn indicó que la merma en la fuerza laboral en EE.UU. les abrió varias puertas a las mujeres.

Las escasez de hombres tras la I Guerra Mundial permitió a las mujeres acceder al mercado laboral. "La falta de trabajadores causada por la gripe y la guerra le dio a las mujeres el acceso al mercado laboral", explicó Blackburn. "Para 1920, las mujeres eran el 21% de todos los empleados en el país", agregó. Ese mismo año el Congreso de EE.UU. ratificó la decimonovena enmienda de su Constitución, que otorgaba el derecho al voto a las mujeres. Además, las nuevas trabajadoras se beneficiaron de los aumentos salariales que resultaron de la escasez de mano de obra.

En Estados Unidos, por caso, los datos del gobierno muestran que los salarios en el sector manufacturero aumentaron de US$0,21 la hora en 1915 a US$0,56 en 1920.

Legado genético

Los científicos descubrieron que los bebés que habían nacido durante la epidemia eran más propensos a desarrollar condiciones como afecciones cardiacas, en comparación con los niños que habían nacido antes o después del brote.

Los estudios en varios países mostraron que los bebés nacidos durante la pandemia estaban más expuestos a la enfermedad y tenían menos probabilidades de ser empleados. Análisis hechos en Reino Unido y Brasil mostraron que los nacidos entre 1918 y 1919 también tendían a tener menos opciones de acceder a educación superior o ser empleados de tiempo completo. Algunas teorías sugieren que el estrés causado por la pandemia en las madres podría haber afectado el desarrollo del feto.

Otra pista del impacto genético de la pandemia fue hallada en un análisis en la información de reclutamiento de soldados para el ejército de EE.UU., que decía que los jóvenes nacidos en 1919 tenían "1mm" menos de estatura promedio que el resto de sus colegas.

Anticolonialismo y cooperación internacional

En 1918, India completaba más de un siglo bajo el dominio colonial de Reino Unido. En mayo de ese año, la gripe española golpeó con fuerza el país. Y fue más violenta con los indios que con los residentes británicos.

Las estadísticas muestran que la tasa de mortalidad en las castas más bajas alcanzó los 61,6 por cada 1.000 personas, mientras que entre los europeos fue de menos de 9 por cada 1.000. Así, los sectores nacionalistas indios alimentaron la percepción de que los gobernantes británicos no habían manejado la crisis de forma adecuada. Gandhi y otros nacionalistas indios fortalecieron sus figuras después de que la pandemia golpeara a India.

Se crearon nuevos sistemas de vigilancia y control de epidemias después de la pandemia de 1918. En 1919, una edición de Young India, el periódico publicado por Mahatma Gandhi, criticó a las autoridades británicas con bastante firmeza.

"En ningún otro país civilizado un gobierno podría haber dejado las cosas tan deshechas como lo hizo el gobierno en India durante la prevalencia de una epidemia tan terrible y catastrófica", se lee en el editorial. Pero, a la vez, la pandemia también evidenció la importancia de la cooperación internacional, más allá de la pesadilla geopolítica que había dejado detrás la I Guerra Mundial.

En 1923, la Liga de las Naciones, el organismo multilateral que antecedió a la ONU, creó la Organización de la Salud. Fue una agencia técnica que creó nuevos sistemas internacionales de control de epidemias y fue conducida por médicos profesionales en lugar de diplomáticos, como lo era el organismo supranacional encargado de los temas de salud hasta entonces, la Office International d'Hygiène Publique.

La Organización Mundial de la Salud solo sería creada en 1948, tras la fundación de la ONU.

Salud pública

El daño causado por la pandemia estimuló el avance de la salud pública, que fue impulsada como el desarrollo de la medicina social. En 1920, Rusia fue el primer país en instalar una red pública de salud. Otros países le siguieron los pasos. "Muchos países crearon o renovaron ministerios de salud en la década de 1920", señaló Laura Spinney.

"Esto fue un resultado directo de la pandemia, durante la cual los líderes de salud pública habían quedado fuera de las reuniones del gabinete por completo o simplemente se habían tenido que dedicar a pedir fondos y poderes ejecutivos a otros departamentos", añadió.

Jennifer Cole, antropóloga de la Universidad Royal Holloway en Londres, anotó que la combinación de la pandemia y la guerra sembró las semillas de los estados de bienestar en muchas partes del mundo. "La provisión de bienestar por parte del Estado salió de este contexto, ya que tenía una gran cantidad de viudas, huérfanos y discapacitados", explica.

"Las pandemias parecen arrojar luz sobre la sociedad y las sociedades pueden emerger de ellas con un modelo más justo y equitativo", opinó Cole.

Cuarentenas y aislamiento social

La historia del aislamiento social de comienzos del siglo XX es una historia de dos ciudades: en septiembre de 1918, distintas localidades de EE.UU. organizaron desfiles para promover los bonos de guerra, cuyas ventas ayudarían en la financiación del conflicto que aún no había terminado por completo.

Dos de estas ciudades tomaron medidas diametralmente distintas respecto al desfile una vez se conocieron los primeros casos de la enfermedad. Mientras que Filadelfia decidió seguir adelante con el evento, San Luis optó por cancelarlo.

El distanciamiento social demostró ser extremadamente importante en la pandemia de gripe de 1918. Un mes después, más de 10.000 personas habían muerto de gripe en la primera. Mientras que en San Luis, el número total se mantuvo por debajo de 700.

La disparidad en las estadísticas se convirtió un caso de estudio que concluyó que la distancia social es una estrategia eficaz para frenar las epidemias.

Un análisis de las intervenciones que se hicieron en varias ciudades durante 1918 mostró que aquellos municipios que habían prohibido reuniones masivas y habían cerrado teatros, escuelas e iglesias tuvieron un menor número de muertes.

Además, un equipo de economistas de EE.UU. llegó a la conclusión de que las ciudades que tomaron las medidas más estrictas fueron las que luego tuvieron una recuperación económica más rápida.

Pandemia olvidada

A pesar de sus lecciones, la gripe española fue en muchos sentidos una pandemia olvidada. El autorretrato de Munch es una referencia rara a la pandemia de 1918 en el arte y la literatura.

Fue eclipsada en la esfera pública por la I Guerra Mundial, en parte debido a que algunos gobiernos censuraron a los medios de sus países para evitar que informaran sobre sus efectos mientras duraba la guerra.

La crisis también está ausente en gran medida de los libros de historia y la cultura popular.

"Incluso en el año centenario de la pandemia (2018) no encontrarás monumentos conmemorativos de la gripe española y pocos cementerios que destaquen el sacrificio de médicos y enfermeras", escribió el historiador médico Mark Honigsbaum. "Tampoco encontrarás muchas novelas, canciones u obras de arte del período que se refieran a la pandemia de 1918".

Una de las pocas excepciones es el "Autorretrato con gripe española", de Edward Munch, que el artista noruego pintó mientras padecía la enfermedad. Honigsbaum también observó que la edición de 1924 de la Enciclopedia Británica ni siquiera mencionaba la pandemia en su revisión de los "años más agitados" del siglo XX y los primeros libros de historia que referenciaron la epidemia fueron publicados alrededor de 1968.

Covid-19 ciertamente ha traído aquella pandemia de regreso a la memoria de muchos.

(*) PUBLICADO POR LA BBC DE LONDRES