Pedro Angulo Arana
Author: Pedro Angulo Arana
Abogado, docente universitario y pastdecano del Colegio de Abogados de Lima

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El uso de la expresión: “baño de sangre”, se remite a Estocolmo en 1520, cuando el rey de Dinamarca y Noruega, Cristian II, fue coronado también como rey de Suecia. Ese día 80 nobles suecos y dos prelados, sin que se les respetara el derecho de defensa, fueron acusados de herejía y ejecutados.

En inglés, se denomina: “Blood bath”, y se aplicó a los hindúes, en referencia a la amenaza de inminente violencia extrema, caos y derramamiento de sangre que sucedería si se accionara en favor del deseo de independencia y la partición de la India (surgimiento de Pakistán).

Ahora bien, el uso del concepto: “baño de sangre”, sabemos que desgraciadamente tiene cultores en nuestra sociedad, puesto que son también los que cultivan el uso del miedo, la amenaza y el chantaje, para objetivos de someter a un dominio territorial y, últimamente, político.

Es sabido que cuando en los penales se intenta algún cambio, que suponga más control sobre la actividad de los presos dentro de las cárceles, de inmediato se organiza y produce un motín, con algunos muertos incluidos, para traerse abajo al jefe del INPE o al alcaide.

Precisamente, dentro de tal manera de entender las cosas, en el ámbito de la delincuencia, se recuerda que hace algunas semanas, un líder de los chuckys de Chincha, dijo que: habrá un baño de sangre si trasladaban a sus líderes a otras cárceles.

Igualmente, hace algunos días se manifestó un líder de la minería informal: Máximo Franco Bequer, presidente de CONFEMIN, quien indignado y muy suelto de huesos amenazó con que: “Va a correr sangre”, por no haberse aprobado la ley MAPE que debía sustituir a el REINFO.

Es un lugar común, también, recordar a Aníbal Torres Vásquez, sostener de modo tan amenazante como iracundo: “Correrán ríos de sangre si acaso pretenden sacar al presidente Castillo del poder”. Y no se expresaba como un vaticinio de lo que podría ocurrir, sino como una fiera amenaza.

Es obvio que, en ambos últimos casos, coinciden en que se trata de actos despreciativos de la vida humana, que suponen la cosificación del ser humano, pues se trata de propiciar y usar de las muertes de otros, generalmente gente pobre, engañada y soliviantada, para sus fines políticos.

Lo dicho es así, porque al contrario del héroe, que se expone por propia convicción y arriesga la vida, por los que considera los valores más elevados, los “líderes” ideologizados, amenazan con que correrá sangre; pero no la de ellos, sino la de los que logran engañar y lanzar a la violencia.

Así, por ejemplo, con desparpajo dijo Franco: “Morirá gente del pueblo, pero también morirán policías”. Demostraba así que no asume que los policías son también personas del pueblo, porque el fanatismo o sus deseos, les lleva solo a apelar a conseguir sangre, para después denunciar violaciones a los derechos humanos. Esa es “la táctica” de usar la vida de otros, para manipular.

Nicolás Maduro, otro ejemplo del uso político ideológico, también amenazaba con el baño de sangre si él no ganaba las elecciones. Así es evidente que, por ideologización, existen los que buscan o conquistar poder o mantenerlo o recuperarlo, utilizando las vidas de los otros, actos en los que se aprecia llana cobardía y ruindad.

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