La provocación antiperuana del borrachín presidente colombiano Gustavo Petro es un disparate y, por lógica y derecho, el incidente debería quedar en el registro de las estupideces; pero la anécdota debe servirnos para tratar un tema de fondo urgente: nuestra política nacional de seguridad y de fronteras.
La pretensión de Petro, el “cacas”, terrorista, pedófilo y asesino, es un disparate. El caso de la isla Chinería y del nuevo distrito de Santa Rosa tiene como trasfondo el desvío del Amazonas y el alejamiento de sus aguas del puerto de Leticia por el enarenamiento. Una cuestión de la naturaleza que no obedece al accionar humano y que no debe incidir en la cartografía de una frontera bien demarcada y delimitada desde la década del 30 del siglo pasado. Por eso las acciones de fuerza, como el indebido sobrevuelo de nuestro territorio, son un peligroso disparate ya rechazado diplomáticamente. Además, ha sido criticado por los demócratas colombianos, quienes coinciden en que Petro está buscando problemas internacionales para ocultar la crisis terminal de su gobierno.
Corresponde ahora ver las cosas con cabeza fría. Entre tanto, debe seguirse profundizando la colaboración militar y de inteligencia con los países vecinos, precisamente Colombia y Brasil, para coordinar acciones y reprimir al principal enemigo común: la expansión de las FARC y sus operaciones de narcotráfico en la zona de Ucayali, territorio peruano infiltrado por la banda criminal desde hace tiempo.
Toca también fortalecer la presencia del Estado con inversiones en salud, educación, infraestructura, saneamiento y defensa a lo largo de toda la frontera amazónica, porque hay, asimismo, una grave infiltración de mineros ilegales ecuatorianos y procesadores de opio que están diezmando al pueblo awajún.
Nuestros límites requieren una atención urgente también en otros puntos hipersensibles como el de Puno ante los desbordes y ataques bolivianos; y en Purús, donde ignominiosamente Brasil prácticamente ha tomado la administración por el abandono en el que está la población peruana.
Junto a la ayuda social, es urgente rehabilitar los puestos de vigilancia y las bases policiales-militares a lo largo de los 7,461 kilómetros de nuestras fronteras. Y en lo militar no debe seguir postergándose la adquisición de aviones para la FAP y la compra de equipos diversos para la defensa. Debemos tener FFAA capaces de tomar la ofensiva internacional, no solo la disuasión. Si así fuera, el cocainómano Petro jamás se habría atrevido a su pataleta contra el Perú.
(Publicado en el diario EXPRESO)