Caín mató a Abel con una quijada de burro.
Tres días estuvo muerto y luego resucitó,
y lo primero que le vino a la mente
fue que la venganza es dulce.
Una piedra del tamaño del cráneo de su hermano
escogió y espero a que este durmiera.
Pasó Caín del dulce sueño al sueño de la muerte,
pero luego despertó:
había que matar muchas veces a Abel se dijo.
Y Abel pensó lo mismo,
al ver a su hermano vivo de nuevo.
Desde entonces abeles y caínes
no han cesado de inventar nuevas armas
para destrozarse el cráneo.
(Del poemario inédito La posible hermosura del mundo)