Cada semana vengo a sentarme en silencio, Maynor, poeta hermano, lector impenitente, viejo camarada de sueños inconclusos, en la esperanza de escuchar tu voz apagada por el daño cerebral que no te deja. Siento tristeza desde este metro de distancia. Recurro a Neruda: me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Entonces descanso mi cuerpo en esta silla en el Hogar de doña Amalia donde te cuidan, eso sí, con esmero. A ratos me paro, camino y tropiezo con el silencio que invade el pequeño espacio. Cada vez es igual, desde hace algunos meses. Nuestras miradas se entrecruzan, pero ignoro si me reconoces o sigo siendo la nada, el vacío, la oscuridad. No tengo respuesta a mis preguntas, no sé si me escuchas, hermano.
La primera vez que te visité, la enfermera te despertó, te dijo que tu amigo te había visitado, o sea yo, abriste los ojos, me miraste y los volviste a cerrar; la enfermera intentó, nuevamente, en decir que era yo, Edwin, tu amigo, quien estaba frente a ti. Abriste los ojos y los fijaste en los míos, como tratando de darle forma a ese rostro que toda una vida, desde los años 70, te era familiar.
Vi que tu rostro fue cambiando, intentaste balbucear, te desesperaste y la enfermera te calmó, pero no me quitaste la mirada. Diez segundos después, unas lágrimas empañaron tus ojos, mientras los míos rodaban por mis mejillas, incontenibles. Desde entonces, vengo y me siento en esta silla para conversar contigo, es un decir.
La enfermera me dijo que te hablara, que eso te hace bien, aunque ninguno de nosotros sabe si me escuchas. Pero igual, te hablo, te recuerdo episodios compartidos en el Queirolo de Quilca con Camaná, en el viejo Palermo que murió de soledad, te menciono nombres de amigos y colegas del periodismo y de la poesía, a los que dedicaste tu vida; te pregunto si te visitan, torpe yo, como si me escucharas.
Así pasa el tiempo, querido Maynor.
Tengo fé en que saldrás en cualquier momento, te pondrás de pie y nos daremos el abrazo que nos debemos, porque sigues siendo un guerrero.
Hasta la próxima semana, hermano.