Ahora que se habla tanto de Santa Rosa en el Trapecio Amazónico y de los desvaríos de Gustavo Petro para desconocerlo, quiero recordar una historia que viví con mi gran amigo y excelente reportero gráfico, Roger Reyna.
Corría el año 1980, Fernando Belaunde acababa de asumir la presidencia del Perú luego de 12 años de dictadura militar y, a “El Chino” y a mi con apenas 24 años, nos dio por hacer una revista con apoyo financiero de un empresario huancaíno. Nuestras oficinas estaban el piso 6 de un edificio en plena Av. Tacna, frente a las Nazarenas. En el Pent House vivía Osvaldo Cattone y en el piso 4 el escritor Manuel Escorza.
Nuestra osadía hizo que convenciéramos a Ricardo Miranda Tarrillo para ser el director y a Miguel Humberto Aguirre su jefe de redacción. AHORA ILUSTRADO se llamó la publicación que apareció en octubre de ese año.
Rimita, con su gran olfato periodístico, nos comisionó para preparar un reportaje sobre la selva. Nosotros decidimos llegar hasta ese punto de la frontera, luego de partir desde Iquitos y trasladarnos en hidroavión hasta el Yavarí y desde ahì hasta ese triángulo conformado por Perú, Colombia y Brasil, ruta utilizada para el narcotráfico y donde habían controles del Ejército, Marina, FAP, Guardia Civil, Guardia Republicana, Policía de Investigaciones y Aduanas. Muchas dependencias para una ruta que era una coladera. ¿Qué raro, no?
Por lo que veo y leo, nada cambió. Lado peruano: miseria absoluta; lado colombiano y brasileño: desarrollo visible. Ya hace 45 años, los colombianos enviaban sus naves hacia el lado peruano, recogían a los pequeños y los llevaban a estudiar a su territorio y por la tarde los regresaban luego de alimentarlos. Lo mismo sucedía con el tema de salud, prefiriendo las mujeres alumbrar en Brasil o registrar a sus recién nacidos allá. Me atreví a decir que no necesitaban invadirnos militarmente para que digan donde se sienten más cómodos.
Cuatro años después, en 1984, hice un nuevo recorrido trabajando por el diario Hoy, enviado por su director Pablo Truel y por el jefe de redacción Owen Castillo; esta vez por río, durante 17 días, acompañado de otro gran colega como Aquiles López. Todo seguía igual. La misma miseria, solo amor a la patria mantenido por sus docentes en cuyas escuelas no había ni luz ni agua.
Recuerdo que el Congreso de la República se interesó entonces por lo informado, acordó una moción solicitando a nuestras autoridades explicaciones y soluciones inmediatas.
Pasaron 45 años desde la primera vez que viví esa sensación y nos seguimos sorprendiendo porque un mismo habitante tiene carnés de identidad de Perú, Colombia y Brasil.